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August 8, 2013

Jóvenes filántropos: comprometidos y exigentes

Author:

Compromiso Empresarial

Jóvenes filántropos: comprometidos y exigentes

 

Jul-Ago 2013

Por Kristin Majeska y Catalina Parra

Tienen entre 21 y 40 años, sus familias donan más de 250.000 dólares al año a ONG, tienen un patrimonio personal promedio superior a 2,5 millones de dólares e influencia sobre más de cinco millones en activos familiares destinados a proyectos sociales (el 10% tienen más de cien millones de dólares en fondos destinados a ello). Una reciente investigación retrata la nueva generación de grandes donantes: tienen dinero, conciencia social y planes ambiciosos para cambiar el mundo ahora mismo.

El programa 21/64 y el Johnson Center for Philanthropy colaboraron en la encuesta y entrevistan a más de 300 jóvenes con alto patrimonio e interés en la filantropía para su nuevo informe: #Nextgendonors.

Desde que Lucas St. Clair tomó las riendas de una de las fundaciones de su madre, Roxanne Quimby –fundadora de la empresa Burt’s Bees, que vendió por unos 350 millones de dólares–, lo está haciendo a su manera. La fundación hace realidad una pasión personal de este profesional de treinta y tantos años, casado y padre de familia: ocio en parajes naturales.

Es una pasión que heredó de su madre, quien crió a sus dos hijos en una cabaña rústica en los bosques de Nueva Inglaterra. Pero St. Clair abordó el propósito de la fundación de una forma distinta a la imagen que transmite su generación. No se limitó a confiar en el nombre y el poder económico de su familia a la hora de hacer frente a la oposición local que tuvieron sus planes de crear un parque nacional.

St. Clair encargó un estudio serio y profesional para cuantificar, de modo preciso, cómo beneficiarían los planes a la economía local, y dedicó meses a escuchar a los grupos de interés en las poblaciones potencialmente afectadas. El joven St. Claire entendió que el cambio social es un proceso de diálogo para encontrar, no para imponer, soluciones. Su enfoque se refleja en el comentario de un joven donante recogido en #Nextgendonors: “Esta es un generación a la que le gusta conocer de primera mano, ver y tocar, utilizar todos los sentidos para saber de verdad lo que pasa”.

Motivados por valores, no por los objetos de valor

En contraste con los tópicos sobre la “generación del yo, yo, yo”, el estudio #Nextgendonors revela una generación de filántropos más preocupados por sus buenas obras que por sus posesiones. Uno de ellos, Farhad Ebrahimi, cita las palabras del hombre araña para explicar su compromiso: “Con un gran poder llega también una gran responsabilidad” y bromea, “para bien o para mal, supongo que gozar de una fortuna heredada es lo más cerca que voy a llegar a estar de tener poderes de superhéroe”. Por lo tanto Ebrahimi ha decidido donar al menos el 90% de su patrimonio (más de 10 millones de dólares) a causas que le apasionan.

Los jóvenes filántropos son muy conscientes de sus situaciones privilegiadas y buscan honrar el legado y los valores de sus familias a través de sus propias acciones. También a Sharna Goldseker, directora general de 21/64, le sorprendió hasta qué grado los jóvenes decían que sus padres (89%) y sus abuelos (63%) influían en sus donaciones.

Goldseker contó a Compromiso Empresarial que esperaba una influencia mayor de sus padres en esta generación superconectada (solo un 47% decía que les influían otros jóvenes). Se nota que “los valores se aprenden en casa”: el 78% de estos jóvenes privilegiados empezaron a realizar voluntariado antes de los 16 años, un 36% con diez años o menos, y la mayoría empezó a donar de sus propios recursos antes de llegar a los 21 años.

El legado familiar también pesa en la elección de las causas que los jóvenes apoyan. Dos tercios de los jóvenes encuestados donan, desde su filantropía personal, a causas similares a las de sus familias. En las tres causas más comunes (juventud y servicios para familias, educación y necesidades básicas) se nota poca diferencia entre las prioridades de los jóvenes y las de sus familias. El área de donaciones sanitarias (dominada por donaciones importantes a hospitales y centros de investigación) es la mayor excepción a la fidelidad con las causas de la tradición familiar. El tema de salud capta el interés de solo un 23% de los jóvenes, frente a un 77% de sus familias. En contraste, los jóvenes muestran más interés que sus familias en el medio ambiente, la protección de animales y los derechos civiles.

Preocupados por el impacto

Coinciden en muchas causas, pero los filántropos más jóvenes distan de sus familias sobre todo en cómo aprovechan sus fondos.

Un participante en #Nextgendonors explica: “Mi padre empieza con un listado de ONG, mientras yo tengo un listado de problemas que me interesan e intento investigar la mejor manera de atacarlos”.

Otro comenta: “Creo que mis padres dan mucho más por la carga emocional que acompaña a una donación, mientras que yo insisto en maximizar el impacto de mis fondos filantrópicos” (Vid. Componentes de la estrategia filantrópica, según los participantes en el estudio).

Cari Tuna, la prometida de Dustin Moskovitz, cofundador de Facebook (28 años) y ahora presidente de la fundación financiada por la pareja, dice guiarse “por una idea muy simple: los donantes deberían meditar sobre sus decisiones filantrópicas tanto como lo hacen sobre sus inversiones financieras”.

Otra pareja que firmó el Giving Pledge, un compromiso público para donar al menos un cincuenta por ciento de su patrimonio a causas sociales, liderado por Bill Gates y Warren Buffet, aun antes que Moskovitz y Tuna, ilustra el enfoque de la actual generación para conseguir impacto.

Hace seis años Laura Arnold (38 años) y su marido John Arnold (39) dejaron atrás la modalidad que ella autodenominó “donación al estilo fondo común de acciones”, o sea, donar a una variedad de ONG que parecían buenas, sin investigar mucho de antemano. Según el presidente del patronato de Rice University, Jim Crownover, ahora los Arnold “abordan cada tema de forma analítica, investigan las posibles soluciones y pagan estudios para determinar cuáles funcionan. Se exigen y son exigentes con los demás”.

Para John Arnold, las respuestas cortoplacistas no valen. Al contrario, este joven, que hizo su fortuna con sus inversiones, dice “tenemos la gran ventaja de ser jóvenes, así que podemos examinar problemas complejos. Tenemos años para poder dedicarles tiempo”.

Para los jóvenes filántropos, ser estratégico no implica estar lejos del terreno. Al contrario, su participación personal en proyectos es sumamente importante y estudia profesionalmente sus decisiones a la hora de decidir qué proyectos apoya.

Por ejemplo, Ebrahimi se involucra en todo el proceso de donaciones, visita todos los proyectos y hasta asiste a conferencias relevantes. Otros jóvenes buscan poder ofrecer sus capacidades profesionales, por ejemplo asesoría en marketing “pro-bono”, antes de hacer una donación importante a una ONG. Les encanta la idea de “idear soluciones juntos” con las organizaciones que respetan y financian. Como explica un joven donante, “no quiero quedarme en las gradas, quiero participar en el logro del cambio social que quiero conseguir”.

Pero, ¿puede tanta implicación personal de jóvenes privilegiados tener el riesgo de desviar o, al menos distraer a las ONG de sus misiones y así reducir, en vez de aumentar, su impacto? Goldseker no lo ve así. Según ella, “conocer de cerca a una ONG te permite ser mejor filántropo. Se trata de escuchar, aprender y así poder apoyar la causa de la forma más eficaz”.

Sus redes de apoyo

Los jóvenes suelen compartir sus vidas filantrópicas con sus amigos, quienes les ayudan a encontrar el camino para donar. Los grupos de pares cerrados y discretos pueden ser especialmente relevantes para jóvenes que no quieren revelar el tamaño de su patrimonio a todo el mundo.

En el sitio web de Boldergiving que da a conocer historias de personas que se atreven a donar un 20%, un 50% y hasta un 90% de su patrimonio, Jason Franklin cuenta que descubrió la existencia de la fundación familiar cuando tenía 22 años. Para Jason, Resource Generation, una ONG que incentiva a jóvenes de grandes patrimonios comprometidos a aprovechar sus recursos para lograr cambios sociales, le ofreció “una comunidad segura que necesitaba de forma urgente para poder explorar qué implicaba este descubrimiento para mi vida”.

En #Nextgendonors, un 31% de los jóvenes cita grupos de pares coetáneos como fuentes que facilitan sus relaciones y su educación sobre las donaciones. ¿Por qué? Según un donante: “Necesito estas conexiones con gente que entiende lo que quiero lograr y que me obliga a rendir cuentas de los valores con los que quiero vivir”.

Los jóvenes también valoran los consejos de profesionales expertos en filantropía, especialmente en el momento de iniciar un proceso de cambio en una fundación familiar o en el estilo de donar.

Desde que creó su fundación patrimonial, Ebrahimi cuenta tanto con un consultor externo en filantropía como con gente de su family office. Tuna valora mucho las evaluaciones y recomendaciones de la ONG Givewell, de cuyo patronato forma parte.

Katherine Lorenz participa en la fundación de su abuelo milmillonario desde hace nueve años, desde que sus abuelos invitaron a los hijos y nietos mayores de 25 años a participar en el gobierno de la fundación. Todavía agradece a los asesores externos que ayudaron a la familia a precisar los objetivos de la fundación patrimonial en el momento del relevo y así facilitar sus decisiones futuras.

Lorenz se siente afortunada de poder participar en las donaciones familiares desde los 25 años. Los jóvenes filántropos se caracterizan por su interés en participar activamente cuanto antes. No tienen miedo a dedicarle el tiempo y creen que lo mejor es “aprender sobre la marcha”. De hecho, el 51% de los jóvenes ya se describe como “muy experimentado” o “bastante experimentado” en temas de filantropía y voluntariado.

Tienen modelos a seguir: John Arnold tenía poco más de 30 años cuando comenzó a financiar proyectos de KIPP, programa entonces puntero en el movimiento charter schools, cuyo fundador Mike Feinberg, tenía más o menos la misma edad. Con humor, Feinberg lo describe como un escenario del tipo “joven conoce a otro joven y decidimos cómo íbamos a cambiar el mundo”.

Inversiones para conseguir impacto

Una vez más Lorenz parece reflejar las tendencias de sus coetáneos cuando explica por qué las inversiones de impacto le interesan: “Ante todo, pienso en el impacto que me gustaría tener y luego tengo en cuenta todos los recursos a mi disposición: subvenciones, inversiones, redes de contacto, tiempo, pasión, son herramientas que puedo utilizar para aportar mi grano de arena” (Vid. Los trucos para invertir con impacto).

Zac Russell, joven patrono de la fundación familiar Russell, cuyo abuelo fundó la compañía del Russell Index, es más explícito aún: “Ya no debemos preguntarnos si debemos hacer inversiones de impacto, sino cuándo hacerlas. Puesto que se trata de temas que nos importan, queremos aprovechar toda nuestra capacidad para conseguir los cambios que queremos ver en el mundo”.

Muchos de los jóvenes filántropos quieren asegurarse de que sus activos reflejen sus valores. Los jóvenes juegan un papel muy importante en el movimiento Slow Money, que promueve inversiones para fortalecer sistemas locales de agricultura y comercio sostenible (Vid. Slow Money, donde se cruzan comida y dinero).

También hacen inversiones de tamaño significativo en el mundo del capital riesgo. Por ejemplo, en 2012 Moskovitz lideró una ronda de 15 millones de dólares en capital social en Vicarious, una compañía de inteligencia artificial, con el compromiso de que las ganancias irían al patrimonio de su fundación. Para Moskovitz se trata de una inversión financiera y social a la vez, por el papel positivo que la tecnología de Vicarious podrá jugar en la sociedad del futuro.

Los jóvenes incluso crean sus propios vehículos de inversión si hace falta. Por ejemplo, con 30 años Brendan Martin combinó una herencia con ganancias de su trabajo en Wall Street para crear un fondo permanente sin fines de lucro que provee prestamos a cooperativas en Argentina, Nicaragua y Nueva York.

¿Un fenómeno mundial?

El estudio #Nextgendonors se limita a jóvenes estadounidenses pero cuando Compromiso Empresarial preguntó a Goldseker hasta qué punto se pueden extrapolar sus resultados a nivel global, ella contestó que colegas en otras partes del mundo decían observar tendencias parecidas.

Las futuras estrellas de la filantropía, estudio realizado por Scorpio Partnership para el Charity Aid Foundation (Reino Unido) en 2012, reveló características de la filantropía de miembros de la “Generación Y” (nacidos entre 1980 y 1999) que gozan de altos patrimonios frente a sus pares con más de 45 años en el Reino Unido, EEUU, Australia, Canadá, Singapur y Malasia.

A diferencia de la investigación #Nextgendonors, el estudio no se restringió a personas activas en filantropía, sino que encuestó a 5.950 individuos con un patrimonio promedio de más de 1,5 millones de libras. Pero los resultados eran coherentes con el estudio de grandes donantes estadounidenses.

En el futuro, los autores del estudio prevén “más innovación, experimentación, más relaciones a largo plazo y más enfoque en aprovechar los recursos”. ¿Por qué? La mayoría de los jóvenes (52%) dice que “quieren generar impacto”, cuando solo el 43% de los mayores de 45 declara lo mismo. Y, como sus homólogos estadounidenses, los jóvenes quieren “involucrarse a nivel personal” con el doble de frecuencia que las generaciones mayores (33% frente a 16%). Un porcentaje importante de esos jóvenes (42%) se dirige a sus familias para informarse sobre filantropía, frente a solo un 28% de los que tienen 45 años o más.

Los jóvenes también dicen consultar a sus pares (38%) y colaborar en Giving Circles (Grupos de codonación). A los de menos de 45 años les inquieta en particular la brecha entre ricos y pobres, la educación, la corrupción y el cambio climático. Y son generosos. La donación promedio anual de los jóvenes a causas filantrópicas era casi 3.000 dólares más que la donación promedio de los encuestados con más de 45 años.

En el Global Philanthropy Forum de 2013 se notó el mismo enfoque preciso en generar impacto entre los filántropos originarios de África y América Latina, que el estudio identificó en los jóvenes estadounidenses. Por ejemplo, Antonio Moraes Neto, joven miembro de la familia empresarial del Grupo Votorantim en Brasil, cofundó Vox Capital, fondo social que invierte en empresas que sirven a la base de la pirámide y contribuyen a reducir la pobreza en Brasil. Vox utiliza las métricas de IRIS y GIIRS para cuantificar su impacto social además de su retorno financiero (Vid. Cómo los filántropos persiguen el “Santo Grial” de la medición de impacto). Jane Wales, presidenta del Forum cita “una revolución digital y social que les permite dirigir sus intervenciones con mayor precisión”.

El futuro

#Nextgendonors retrata una generación que incorpora el ser filántropo como parte importante de su identidad, no como una actividad aparte o relegada a cuando se visten de gala para una cena benéfica.

Todo lo contrario, los jóvenes quieren “vivir sus valores” todos los días con sus acciones, sus inversiones y su tiempo libre. Además de sus donaciones, muchos de ellos hasta dedican sus vidas profesionales al sector social. No solo no esperan hasta jubilarse para interesarse en la filantropía, con frecuencia ni siquiera esperan hasta graduarse de la universidad.

Dicho esto, 21/64 y el Johnson Center también recuerdan que estos jóvenes están todavía en pleno proceso de “crear sus identidades filantrópicas”. Muchos no han tocado aún la mayor parte de sus herencias y todavía se están integrando en el escenario dominado por sus padres, tíos y abuelos.

Actúan mientras siguen aprendiendo a través de sus propias experiencias. Están definiéndose como filántropos y reflexionando sobre sus propios legados mientras toman su responsabilidad muy en serio. Vale la pena apoyarlos.

Componentes de la estrategia filantrópica

Los cinco componentes más importantes de una estrategia filantrópica según los grandes donantes de la próxima generación son:

1. Hago “due diligence” e investigo antes de decidir a qué grupos apoyar.

2. Primero determino mis objetivos filantrópicos y mis soluciones ideales, luego busco potenciales receptores de fondos que los encarnen.

3. Financio iniciativas que responden a causas raíces e intento soluciones sistémicas.

4. Prefiero tener información comprobada acerca de la eficacia o el impacto medido de una organización antes de decidir si apoyarla o no. 5 Con frecuencia recomiendo una causa o una organización a otras personas.

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